La industria camaronera de Ecuador atraviesa una transformación tecnológica que ha multiplicado su productividad y la ha convertido en el principal exportador mundial de camarón. Sensores acústicos, alimentadores automáticos e inteligencia artificial forman parte hoy de la operación diaria de las piscinas, en un sector que pasó de exportar 151.000 toneladas en 2010 a cerca de 1,4 millones de toneladas en 2025.
En ese período, el volumen exportado se multiplicó por 9,2 y el valor por 8,2, al pasar de 850 millones de dólares a 7.474 millones, según la Cámara Nacional de Acuacultura (CNA). El Banco Central del Ecuador situó las exportaciones de 2025 en torno a 8.400 millones de dólares. El crecimiento se aceleró a partir de 2017 y se consolidó desde 2021. Aun así, el valor exportado se contrajo levemente en 2023 y 2024, por la caída de los precios internacionales, antes de repuntar en 2025.
El desempeño de 2026 confirma esa tendencia. Entre enero y julio, los envíos alcanzaron 2.140 millones de libras, 17,4% más que en el mismo período del año anterior, con picos de 365 millones de libras en mayo y 355 millones en julio. China se mantuvo como principal destino, con 1.085 millones de libras y un crecimiento de 19%, mientras que Estados Unidos aumentó sus compras 33%, hasta 445 millones de libras. En cambio, Italia y Francia redujeron sus importaciones 14% y 13%, respectivamente.
Detrás de esas cifras hay un salto de productividad. Según el consultor Gabriel Luna, de Glunashimp, los rendimientos pasaron de unas 1.500 libras por hectárea en ciclos de 120 días a cerca de 12.000 libras por hectárea en 70 días. El crecimiento semanal del camarón subió de 0,9 a 1 gramo a entre 1,5 y 4 gramos, y el peso promedio de cosecha prácticamente se duplicó: de 13 a 16 gramos a entre 28 y 35 gramos.
La tecnología es el eje de ese cambio. Los alimentadores automáticos usan sensores acústicos que detectan el sonido de los camarones al masticar y ajustan la dosis en tiempo real, con 15 a 20 raciones por hora. Este sistema reduce el desperdicio de alimento balanceado, el principal costo de producción, y mejora la calidad del agua. A ello se suma la inteligencia artificial para monitorear las piscinas, que permite a los productores controlar el oxígeno disuelto y operar alimentadores, aireadores y bombas desde una computadora o un teléfono móvil.
Para el cierre de 2026, Luna estima un crecimiento en volumen de entre 18% y 21% en un escenario medio a optimista, frente a una proyección base de 15%. Los principales riesgos para el último trimestre son la caída de los precios internacionales, los efectos del clima y la disponibilidad de energía eléctrica. Este último factor es crítico para operaciones cada vez más dependientes de equipos automatizados.
El debate sobre el futuro del sector se trasladará a AquaExpo International 2026, que se realiza del 19 al 22 de octubre en el Centro de Convenciones de Guayaquil. Presentado por Yahira Piedrahita, directora ejecutiva de la CNA, el encuentro incluye un congreso técnico y una feria comercial con alrededor de 500 marcas y delegaciones de 25 países. La agenda abarca sanidad animal, nutrición, genética, manejo de agua y suelos, bioseguridad, automatización, aireadores con baterías de litio e inteligencia artificial para planificar cosechas.
Para la cadena acuícola, el caso ecuatoriano muestra cómo la adopción tecnológica puede convertirse en una ventaja competitiva frente a productores asiáticos y latinoamericanos.














