Santo Domingo será sede este jueves de DominiCoco 2026, la primera Cumbre del Coco celebrada en República Dominicana, el encuentro, organizado por la firma RAAS Sistemas de Riego en el Hotel Intercontinental, reunirá a productores, empresarios, inversionistas, especialistas nacionales e internacionales e instituciones ligadas al agro.
Para revisar toda la cadena de valor del cultivo: desde la productividad en campo hasta su industrialización, comercialización e innovación, la agenda incluye cifras oficiales del sector, manejo de riego para elevar rendimientos, control de plagas y enfermedades, aprovechamiento industrial del agua de coco y oportunidades de inversión, junto con sesiones dedicadas a la nutrición y al consumo del fruto.
Entre los expositores figuran el brasileño Fabio Miranda, especializado en riego para alta productividad; Jamison Dos Santos, sobre técnicas de cultivo intensivo; Junior Gouveia, centrado en el control de ácaros en cocoteros; e Ienaga Narciso, quien abordará tecnología, calidad y seguridad en el procesamiento del agua de coco.
También participarán Horacio Lomba, del Consorcio Cítricos Dominicanos–Grupo Rica; el emprendedor Daniel Dalet Casals, fundador de SoloCoco; y el empresario agroindustrial José Ramón Peralta Fernández, junto a una sesión sobre nutrición a cargo del nutriólogo clínico Richard Marine.
El momento no es casual. La producción nacional de coco encadena varios años de crecimiento sostenido: pasó de 10.4 millones de quintales en 2022 a 15.7 millones en 2025, un salto interanual de 11.5% en el último año, según cifras del Ministerio de Agricultura.
El consumo interno creció todavía más rápido, de 7.8 millones de quintales en 2015 a 12.6 millones en 2023, un incremento de 60.3% en menos de una década que confirma al coco como uno de los cultivos de mayor tracción dentro del agro dominicano; hoy representa cerca del 19% del área frutícola cosechada del país.
Sin embargo, las exportaciones muestran una fotografía más volátil: de 9,448 toneladas por US$7.1 millones en 2022, el volumen colocado en el exterior se contrajo hasta apenas 3,081 toneladas por US$1.4 millones, con Estados Unidos, Europa y Haití como principales destinos, esa brecha entre producción creciente y exportación decreciente es precisamente el nudo que la cumbre busca desatar, apostando a la industrialización y el valor agregado antes que a la venta de la fruta fresca.
El país ya cuenta con unas 18 empresas de zona franca dedicadas a procesar y exportar coco, generando cerca de US$40 millones anuales entre crema, leche y cáscara molida, y se mantiene como uno de los principales exportadores mundiales de crema de coco dulce.
El contexto internacional favorece la apuesta. El mercado global de agua de coco se valora en unos US$3,970 millones en 2026 y crecerá a una tasa anual de 5.68% hasta los US$5,240 millones en 2031, mientras el mercado conjunto de productos derivados del coco —aceite, leche, agua, snacks y fibra— pasará de US$6,160 millones a casi US$11,000 millones en 2035.
Proyecciones financieras internacionales anticipan que la producción global de copra crecerá más de 30% durante este año, la leche de coco un 35% hacia 2027 y el agua de coco un 40% hacia 2030, ese apetito responde en gran medida a razones nutricionales: el agua de coco concentra electrolitos naturales como potasio y magnesio con bajo aporte calórico, un perfil que una nueva guía de etiquetado de bebidas vegetales adoptada en Estados Unidos terminó por favorecer frente a competidores fortificados artificialmente.
Para un país que ya domina buena parte de esa materia prima, la primera Cumbre del Coco funciona como plataforma para trasladar ese crecimiento de mercado hacia inversión, tecnología de procesamiento y desarrollo territorial dentro de sus propias fronteras.













