Nestlé, la multinacional suiza de alimentos y chocolates, amplió de forma significativa sus compras de cacao en Brasil como parte de una estrategia orientada a diversificar su cadena de suministro y hacerla más resistente frente a nuevos choques de oferta. El anuncio lo confirmó el propio director ejecutivo global de la compañía, Philipp Navratil, durante una entrevista realizada en la planta que la firma opera en Caçapava, São Paulo, la mayor unidad de producción mundial del chocolate KitKat.
La decisión llega después de una serie de shocks recientes que llevaron los precios internacionales del cacao a niveles récord, un episodio que expuso la fragilidad de una cadena de suministro históricamente concentrada en pocos países productores. Según Navratil, diversificar el abastecimiento es la respuesta estructural que la compañía busca consolidar de cara a los próximos años.
Una cadena todavía muy concentrada geográficamente
El mercado mundial de cacao mantiene una concentración geográfica extrema: Costa de Marfil lidera la producción global con cerca de 2 millones de toneladas anuales, mientras Ghana se mantiene como segundo proveedor histórico, aunque Ecuador avanzó de forma acelerada en los últimos años y ya se aproxima a ese volumen, superando las 600.000 toneladas métricas anuales. Esa concentración en pocos orígenes, sumada a factores climáticos y fitosanitarios recurrentes en África Occidental, es precisamente lo que impulsa a compradores globales como Nestlé a buscar nuevas fuentes de abastecimiento.
El regreso de Brasil como productor relevante
Brasil supo ser uno de los principales proveedores mundiales de cacao durante la década de 1970, hasta que la escoba de bruja, una enfermedad fúngica devastadora, diezmó las plantaciones y sacó al país del mapa exportador durante décadas, golpeando especialmente a Bahía, su región productora histórica. En los últimos años, grandes propiedades retomaron la inversión en el cultivo utilizando materiales genéticos más resistentes a la enfermedad, sistemas de producción más tecnificados y nuevas prácticas de manejo agronómico, mientras la frontera productiva se expande hacia estados como Pará, Espírito Santo y Rondônia.
Nestlé estableció relaciones directas con cientos de fincas cacaoteras brasileñas para compartir técnicas de agricultura regenerativa, orientadas tanto a elevar la productividad y calidad de las almendras como a reducir la dependencia de fertilizantes convencionales, cuyo costo se disparó tras el encarecimiento de insumos agrícolas asociado al conflicto en Oriente Medio.
Un proceso necesariamente gradual
Pese al impulso comercial, los resultados de esta estrategia tomarán tiempo en materializarse: un árbol de cacao puede demorar hasta cinco años en alcanzar su pleno potencial productivo, lo que limita la velocidad con la que cualquier país productor puede responder a un salto repentino en la demanda internacional. Actualmente, Brasil produce un volumen cercano al necesario para abastecer su propio consumo interno, con una cosecha reciente de alrededor de 290.000 toneladas anuales, concentrada principalmente en el estado de Pará.
Una apuesta con potencial de escala
El gobierno brasileño proyecta que la producción nacional podría duplicarse en el próximo lustro, hasta alcanzar cerca de 400.000 toneladas anuales, apoyada además en un potencial de expansión considerable: se estima que existen 160 millones de hectáreas de pasturas degradadas en el país que podrían reconvertirse hacia sistemas agroforestales con cacao. Si esa proyección se cumple, Brasil podría reducir su dependencia de importaciones y recuperar protagonismo en el mercado internacional, respaldado por trazabilidad, cercanía con una industria procesadora ya consolidada y el interés creciente de compradores globales como Nestlé por asegurar orígenes más diversificados y resilientes.













