Más de tres de cada cuatro alimentos envasados que se comercializan en América Latina contienen al menos un aditivo, según un estudio publicado en 2025 en la revista científica Globalization and Health, que analizó 49.797 productos alimenticios y bebidas en Brasil, México, Chile, Colombia y Ecuador. La investigación determinó que 77,7% de los productos revisados incluía algún tipo de aditivo, 64,3% contenía dos o más, y cerca del 10% integraba diez o más sustancias en su formulación.
El fenómeno resultó particularmente marcado en categorías como confitería, con 93,8% de presencia de aditivos, seguida de lácteos, productos de panadería y carnes procesadas, todas por encima del 90%.
En México específicamente, el análisis abarcó 15.846 productos comercializados en el país, poniendo el foco en la amplia exposición de los consumidores a sustancias utilizadas para conservar alimentos o modificar su sabor, textura, apariencia y estabilidad.
Un foro que busca sacar el debate de las redes sociales
El hallazgo reabrió esta semana la discusión técnica en México durante un foro organizado por la Universidad La Salle y la Asociación Nacional de Fabricantes de Productos Aromáticos, que reunió a especialistas en toxicología, ciencia de los alimentos, nutrición clínica y regulación, junto con representantes de la autoridad sanitaria nacional. El mensaje central de los ponentes fue claro: clasificar de forma genérica a los aditivos como "buenos" o "malos" responde más a la percepción pública y al ruido de redes sociales que al rigor técnico-científico que exige una evaluación seria de riesgo.
María Lorena Cassis, jefa de la carrera de Química de Alimentos de la institución organizadora, defendió que los aditivos constituyen herramientas tecnológicas fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria y la disponibilidad de productos en el mercado, siempre que su uso esté respaldado por evidencia científica y una evaluación rigurosa, en contraste con la tendencia creciente del llamado "clean label", que privilegia ingredientes naturales, simples y reconocibles por el consumidor.
La eritrosina, caso testigo de cómo debería actualizarse la norma
La comisionada de Evidencia y Manejo de Riesgos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, María Esther Díaz Carrillo, citó la reciente actualización regulatoria sobre la eritrosina, colorante rojo ampliamente utilizado en confitería y bebidas, como ejemplo de un proceso serio de manejo de riesgos, donde la industria formal aportó información de uso real en el mercado y asumió con responsabilidad los plazos de transición hacia una normativa actualizada, en lugar de resistirse al cambio regulatorio.
Ciencia, regulación e industria: un triángulo que exige coordinación
Especialistas en regulación alimentaria insistieron en que no puede existir una normativa sólida sin información confiable, lo que exige consolidar un sistema de colaboración donde autoridad reguladora, evidencia científica e industria interactúen de forma constante y transparente. El estudio regional también identificó variaciones relevantes entre países: la presencia de aditivos osciló entre 76,1% en Colombia y 84% en Ecuador, mientras que al excluir productos sin azúcar, sodio, grasa o aditivos añadidos, la prevalencia general subió hasta 86,8%, con México en el extremo más bajo de esa medición ajustada. Para la industria alimentaria de la región, el desafío hacia adelante consiste en sostener la innovación tecnológica que permiten los aditivos sin perder de vista la exigencia creciente de transparencia y evidencia científica actualizada que demandan tanto reguladores como consumidores cada vez más informados.













