Un nuevo estudio sobre el mercado agrícola confirma lo que muchos productores locales han insistido por años: la isla tiene la capacidad técnica para reducir su dependencia alimentaria del exterior, y el potencial económico de hacerlo es considerable.
La investigación estimó que los agricultores puertorriqueños pueden competir en precio frente a las importaciones en 30 de los 74 frutos y hortalizas analizados, un hallazgo que reabre el debate sobre la seguridad alimentaria de la isla.
El análisis señala que basta con alcanzar niveles de autosuficiencia en al menos cinco cultivos para generar un impacto económico anual de 118 millones de dólares. La cifra cobra relevancia frente a la magnitud del problema que busca atender: en 2022, Puerto Rico importó alimentos por 4,609.3 millones de dólares, lo que significa que más del 75% de lo que se consume en la isla proviene del exterior.
Esa proporción coloca a Puerto Rico en una posición de vulnerabilidad estructural frente a interrupciones logísticas, fluctuaciones en fletes marítimos o encarecimientos súbitos en las cadenas de suministro internacionales, factores que se han vuelto más frecuentes en los últimos años. Para el sector agrícola local, cada punto porcentual que se recupera del mercado interno representa no solo ingresos directos para los productores, sino un efecto multiplicador sobre empleo, transporte y comercio minorista.
El tipo de investigación se enmarca en una línea de trabajo que ha ganado tracción en el sector de supermercados y distribución, interesado en identificar qué rubros agrícolas ofrecen mayor viabilidad comercial frente al producto importado. Entre los cultivos que históricamente figuran como más competitivos en estudios similares sobre el mercado boricua están el tomate, el pimiento, el maíz, la toronja y la yautía, productos que combinan alta demanda en el consumo doméstico con condiciones agroclimáticas favorables en distintas regiones de la isla.
La discusión adquiere un matiz adicional en el contexto arancelario actual, en el que los costos de ciertas importaciones agrícolas hacia territorios estadounidenses han comenzado a moverse al alza, lo que reduce la brecha de precio que históricamente favorecía al producto extranjero sobre el local. Ese escenario, según analistas del sector, podría convertirse en una ventana de oportunidad para que la agricultura puertorriqueña gane espacio en los anaqueles sin depender exclusivamente de subsidios o incentivos gubernamentales.
Actualmente, apenas una fracción menor de los productos disponibles en los supermercados de la isla es de origen local, una cifra que contrasta con el potencial productivo identificado en los distintos renglones agrícolas evaluados. Cerrar esa brecha implicaría no solo sustituir importaciones, sino fortalecer una cadena de valor completa: desde la producción primaria hasta el empaque, la distribución y la comercialización dentro del propio mercado interno.
El reto, coinciden quienes siguen de cerca el sector, no es exclusivamente agronómico. Requiere inversión en infraestructura de riego, acceso a financiamiento para pequeños y medianos productores, y una articulación más eficiente entre el campo y las cadenas de supermercados, que son hoy el principal canal de venta para el consumidor puertorriqueño. Sin esos eslabones resueltos, advierten los especialistas, la ventana de competitividad detectada por el estudio corre el riesgo de quedar solo en cifras sobre el papel.













