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La cría de insectos comestibles como alternativa sostenible a la producción de carne

Procesos / Envases Internacional

Los insectos han convivido con la humanidad desde sus primeros pasos en la Tierra. Algunos son especialmente apreciados, como los gusanos de seda en China; otros odiados, como las cucarachas en gran parte del mundo, y algunos venerados, como los escarabajos en Egipto.

Estos pequeños invertebrados han sido representados en las artes, como motivo de esculturas, pinturas, poesías y en la mitología. En España existen pinturas rupestres que documentan la recolección de miel desde hace 7 500 años. Les hemos visto como aliados para resolver crímenes en series televisivas y hemos escuchado hablar de ellos como plagas bíblicas.

Debido a la cantidad y tipos que existen, los insectos son uno de los animales más abundantes en el planeta y uno de los mejor adaptados. Pero además, pueden constituir una rica fuente de proteína animal tanto para humanos como para animales de granja y de compañía.

Microganadería o crianza de insectos

Para quien nunca los ha probado, comer insectos puede parecer un reto propio de las redes sociales. Sin embargo, millones de personas en el mundo ya lo hacen y es una práctica muy arraigada en algunas culturas. Por ejemplo, en algunos pueblos del centro de México comen tacos de escamoles (el caviar mexicano).

Esta controvertida costumbre de comer insectos se conoce como entomofagia.

Los insectos se pueden comer solos o como ingrediente de alimentos tradicionales, platos guormet y aperitivos. Además, en el caso de las abejas, se consumen los productos que fabrican: la miel, el propóleo y la jalea real.

En general, los insectos son recolectados en la naturaleza, pero una pequeña parte se cría en granjas. La microganadería o crianza de insectos en buenas condiciones de alojamiento, alimentación e higiene constituye una alternativa para aumentar la producción de alimentos, con una reducción importante de la contaminación.

Una fuente sostenible de alimento

Muchas voces expertas aseguran que la producción de insectos es una opción más ambientalmente sostenible que la carne de animales como el pollo, el cerdo y la res.

Entre los insectos que se consumen en el mundo, se encuentran los gusanos del maguey y las hormigas en México, las avispas y pupas del gusano de seda en China, las abejas y chinches gigantes en Tailandia, los saltamontes en Japón y las larvas de tenebrio y los aperitivos fritos de orugas de mariposas en Estados Unidos.

Comer insectos en otro país es un acto de resistencia para las personas migrantes y les acerca a su lugar de origen y a sus seres queridos.

Los ingredientes a base de insectos pueden alcanzar precios más elevados incluso que la carne. Por ejemplo, una botella de mezcal con gusanos de maguey en México (hasta 150 euros) y una lata de sopa con larvas de polilla en Australia son costosos souvernirs.
La crianza de insectos ayudaría a detener la deforestación en zonas como la Amazonía. Y a conservar la diversidad del planeta, a través de la polinización de las plantas.

Los insectos son muy buenos convirtiendo su alimento en proteínas de calidad. Así, la microganadería puede ser un negocio que reduzca la dependencia de alimentos extranjeros y ayude a crear nuevos puestos de trabajo para evitar el abandono del medio rural.

Posibilidades presentes y futuras de los insectos

Aún queda mucho por entender y aprender sobre la cría y el consumo de insectos. Por ejemplo, métodos de crianza, recetas para cocinarlos y normas claras para su uso y venta. Entre otras cosas, hay que estudiar su capacidad para causar alergias alimentarias y los riesgos sanitarios cuando su crianza sea intensiva.

Puede que pronto sea común leer temas como la producción de leche de cucaracha. No obstante, la falta de legislación es un obstáculo para la confianza de los consumidores. Apenas existen esfuerzos, como el informe de la FAO para evaluar el consumo inocuo de insectos.

La Unión Europea ha tomado cartas en el asunto con el reglamento sobre nuevos alimentos UE 2018/456. Ya ha autorizado los insectos como alimentos, aunque cada producto debe pasar una evaluación científica por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Otro ejemplo es Chile, donde sólo existe regulación para su uso en la alimentación animal. Sin embargo, aún son casos aislados.

Como ocurre con la carne, la demanda para que no exista sufrimiento animal también se aplica a la producción de insectos.
Además, se debe estudiar el efecto del cambio climático sobre ellos. Durante la presencia de plagas que pueden devastar los cultivos, ¿podrían convertirse en un alimento de emergencia?

En el caso de la agricultura industrial, es urgente replantear la incorporación de los insectos en varias funciones. Por un lado, como polinizadores para aumentar la producción de alimentos. Por otro, como aliados en el aprovechamiento de subproductos agrícolas, que actualmente son desperdicios y fuente de contaminación. Y en uno de los temas más urgentes: la reducción y sustitución de los pesticidas por el control biológico de plagas y enfermedades con insectos.

En salud pública, hay otra gran oportunidad: el uso de insectos depredadores naturales de insectos que causan enfermedades en el mundo.

Estos son solo algunos ejemplos. Aún queda mucho por descubrir sobre las posibilidades de estos pequeños invertebrados.

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