La relación entre el consumo de lácteos y el cáncer de próstata volvió a generar preocupación entre consumidores, alimentada por publicaciones virales que sugieren eliminar leche, queso y yogur de la dieta como medida preventiva. Investigadores del Comité Científico de Lácteos, integrado por especialistas de distintas universidades chilenas y centros de investigación, salieron a aclarar que la evidencia científica disponible no permite establecer una relación causal entre el consumo de estos productos y el desarrollo de la enfermedad.
Lo que realmente dicen los estudios
La discusión no surge de la nada: existen estudios observacionales que encontraron asociaciones entre el consumo elevado de lácteos o calcio y el diagnóstico de cáncer de próstata. Un metaanálisis de diez estudios de cohortes citado por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos determinó que los hombres con mayor consumo de productos lácteos presentaban un riesgo relativo de 1,11 frente a quienes tenían el consumo más bajo, mientras que para el calcio específicamente esa cifra se ubicó en 1,39. Se trata de incrementos estadísticamente detectables, pero de magnitud pequeña y con resultados heterogéneos según el tipo de producto lácteo, la cantidad consumida y la forma clínica del cáncer evaluada.
El propio Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer clasifica esta evidencia como "limitada pero sugestiva", una categoría que explica por qué la organización, pese a reconocer la posible asociación, no incluye a los lácteos dentro de sus recomendaciones generales de prevención oncológica.
Por qué los estudios observacionales no bastan para afirmar causalidad
Especialistas consultados explican que la mayor parte de esta evidencia proviene de estudios observacionales, un diseño metodológico que puede estar afectado por factores de confusión: diferencias en los patrones alimentarios generales, estilos de vida, errores en la estimación del consumo real y variaciones en el acceso o la frecuencia de pruebas de detección como el antígeno prostático específico, que pueden distorsionar la relación aparente entre un alimento puntual y el riesgo de enfermedad. Bajo ese estándar metodológico, ningún estudio disponible hasta ahora logra aislar con precisión el efecto específico de los lácteos frente a décadas de otros hábitos de vida superpuestos.
Una hipótesis biológica en investigación
Uno de los mecanismos más estudiados vincula el consumo elevado de determinados lácteos con niveles más altos del factor de crecimiento similar a la insulina, conocido como IGF-1, un compuesto que en algunos metaanálisis se relacionó con mayor riesgo de cáncer de próstata. Se trata, sin embargo, de una hipótesis todavía en evaluación, no de un mecanismo causal confirmado.
Un contexto favorable para la industria láctea
Para la industria de alimentos lácteos, este tipo de pronunciamientos científicos resulta relevante en un mercado donde la desinformación nutricional puede erosionar con rapidez la confianza del consumidor hacia categorías completas de producto. Especialistas coinciden en que los lácteos aportan proteína de alta calidad biológica, calcio, y otros nutrientes esenciales cuyo beneficio en la prevención de otras enfermedades crónicas justifica mantener su recomendación dentro de una alimentación equilibrada, evitando únicamente ingestas extremas sostenidas en el tiempo, en lugar de eliminarlos por completo ante una asociación todavía no confirmada como causal.













