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Inteligencia artificial para controlar el buen estado de los alimentos

Control Calidad Internacional

La industria alimentaria recurre a la inteligencia artificial, el big data y las tecnologías de geolocalización para controlar el buen estado de los productos que compramos.

Unas horas de más en un almacén demasiado caliente, un camión que pasa demasiado tiempo al sol o una maduración excesiva en el caso de la fruta hacen que los alimentos maduren demasiado rápido o que proliferen microorganismos que acortarán mucho su vida.

La industria alimentaria intenta que los alimentos duren más y recurre a la inteligencia artificial, el big data y las tecnologías de geolocalización para controlar la evolución del producto desde su cosecha o fabricación hasta que llega al cliente final. ¿Para qué? Para que cuando compremos unos melocotones, una merluza o un solomillo duren lo que se espera de cada producto y no se echen a perder a toda velocidad.

Manejar el gas etileno para controlar la maduración: Las nuevas herramientas digitales detectan y avisan si un producto se está deteriorando antes de lo previsto. Así se evita que vaya a más, o sirve de experiencia para prevenir en un futuro. Es el caso de la fruta climatérica: se cosecha mucho antes de su maduración, ya que sigue madurando fuera del árbol. Para ello estas frutas generan de forma natural gas etileno. Pertenecen a este grupo manzanas, melocotones, aguacates, kiwis o plátanos.

Pero ¿cómo detener ese proceso para escalonar su llegada al punto de venta, sin que se pudran en los almacenes ni lleguen al mercado para su consumo inmediato? Una estrategia habitual es almacenarlas a temperaturas muy frías (entre 0 y 0,5 grados centígrados). Así se reduce su metabolismo y se ralentiza la maduración.

Hay sistemas que, además, inhiben la síntesis de etileno para poner en pausa el proceso de maduración. Un ejemplo es SmartFresh de AgroFresh, un sistema que libera 1-metilciclopropeno. De esta forma, se mantiene la acidez en las ciruelas, y los melones tardan más en pasarse. El manejo del etileno unido a la inteligencia artificial hace posible madurar la fruta si la demanda sube o mantenerla en los hangares para no saturar el mercado.

Vigilar la cadena de suministro
El blockchain es otro de los grandes aliados para prevenir el deterioro de los alimentos. Al escanear los códigos de barras, los QR o las etiquetas RFID de los embalajes, todos los implicados en la distribución y venta (productor, logística, punto de venta y consumidor) pueden trazar el origen y la trayectoria de un producto.

Así es fácil saber dónde y cuándo se ha pescado un salmón, en qué puerto se descargó, cuándo y quién lo ha distribuido, y detectar cualquier punto crítico en el que el producto se pueda deteriorar (por ejemplo, por un retraso en su llegada al almacén refrigerado). Y lo mismo con la fruta, la leche o una pieza de carne.

Esta información, además, puede facilitarse al consumidor para mejorar la transparencia.

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