Chile dio un paso concreto para incorporar inteligencia artificial a gran escala en uno de sus sectores más estratégicos. Corfo lanzó el Programa Tecnológico NOVA IA, una iniciativa que movilizará más de 4,950 millones de pesos —2,600 millones aportados por la agencia estatal y 2,350 millones por los propios participantes— para desarrollar soluciones basadas en inteligencia artificial orientadas a reducir pérdidas alimentarias, optimizar procesos productivos y fortalecer la competitividad de la industria de alimentos y bebidas del país.
El programa se financia a través del esquema de Desarrollo Productivo Sostenible del Ministerio de Economía y reúne a un consorcio poco habitual en su diversidad: DICTUC, el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA), la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de La Serena y la firma Mumulkan trabajarán junto a seis empresas del sector —Nestlé, Carozzi, Nutrisco, Concha y Toro, Cáscara Foods y Sticta— en ocho proyectos tecnológicos con presencia territorial desde la Región de Coquimbo hasta la Región del Maule.
El foco central de la iniciativa es un problema que combina impacto económico y ambiental: la pérdida y el desperdicio de alimentos. Según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en 2022 se generaron 1,050 millones de toneladas de desperdicio alimentario a nivel global en hogares, servicios de alimentación y comercio minorista, un volumen que representa recursos productivos, agua y energía utilizados sin retorno económico. NOVA IA busca convertir parte de esas pérdidas en nuevas fuentes de valor mediante tres líneas de trabajo: valorización de residuos, optimización de procesos y cadenas productivas, e inteligencia de mercado.
El momento del lanzamiento no es casual. El mercado global de inteligencia artificial aplicada a alimentos y bebidas se ubica actualmente entre 9,000 y 18,000 millones de dólares, según distintas consultoras, pero las proyecciones coinciden en una expansión acelerada: algunas estimaciones lo sitúan en cerca de 49,000 millones de dólares hacia 2029, mientras que otras anticipan tasas de crecimiento anual compuesto superiores al 35% hasta 2031. Ese ritmo refleja qué tan rápido la industria alimentaria mundial está adoptando herramientas de visión computacional para control de calidad, modelos predictivos para gestión de inventario y algoritmos de optimización de cadenas de suministro.
Autoridades del programa dimensionaron el potencial económico de esa transformación en cifras globales: la inteligencia artificial podría generar cerca de 250,000 millones de dólares de valor adicional para la cadena agroalimentaria mundial, y hasta 500,000 millones de dólares en ahorros para los sectores de manufactura y logística gracias a procesos más eficientes.
Más allá del desarrollo tecnológico, NOVA IA contempla dos componentes de capacitación e institucionalidad que buscan darle continuidad al esfuerzo: una Ruta Formativa en Inteligencia Artificial dirigida a profesionales del sector, y la creación del primer Sello de Upcycling Alimentario del país, un mecanismo de certificación para productos elaborados a partir del aprovechamiento de subproductos y pérdidas alimentarias, alineado con los principios de economía circular.
Para la industria chilena, reconocida internacionalmente por la calidad de sus exportaciones agroalimentarias pero con brechas persistentes en productividad y gestión de datos, la apuesta busca acortar la distancia entre la simple adopción de herramientas digitales y su aplicación efectiva en modelos de negocio concretos. El desafío, como reconocen los propios impulsores del programa, no es solo tecnológico: exige que grandes empresas, universidades y centros de innovación trabajen coordinados para que las soluciones desarrolladas efectivamente escalen hacia el resto del tejido productivo, incluyendo a las empresas de menor tamaño que integran las cadenas de suministro de los grandes exportadores.













