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Cereulida: la toxina que obligó al retiro global de leche infantil en polvo

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Una alerta sanitaria de alcance mundial ha puesto en jaque a la industria de alimentos infantiles: la detección de cereulida, una toxina bacteriana resistente al calor, ha provocado el retiro preventivo de leche infantil en polvo en múltiples países y afectado a marcas líderes del mercado.

La preocupación se centra en los lactantes, el grupo más vulnerable, y ha encendido las alarmas de autoridades sanitarias, fabricantes y profesionales de la salud.

La cereulida es una toxina producida por ciertas cepas de la bacteria Bacillus cereus, un microorganismo que se encuentra de forma natural en el ambiente, especialmente en suelos y materias primas agrícolas. Aunque la bacteria puede estar presente sin causar daño, la toxina no aparece de manera espontánea: se genera cuando las esporas sobreviven a procesos industriales de fabricación y encuentran condiciones de humedad y temperaturas moderadas donde pueden multiplicarse y producir la sustancia tóxica.

Lo que distingue a la cereulida de muchas otras toxinas alimentarias es su alta resistencia a procesos térmicos. A diferencia de bacterias vivas, que pueden ser destruidas por calor como la cocción o la pasteurización, la cereulida soporta temperaturas elevadas y permanece activa incluso después de que los alimentos han sido hervidos o calentados. Esto implica que la prevención de su formación es el factor clave, ya que una vez presente no hay garantía de que los métodos tradicionales de cocción la eliminen.

En productos como la leche infantil en polvo —que no recibe un tratamiento térmico adicional antes de ser consumida— esta característica es especialmente crítica. El proceso de producción de fórmulas infantiles implica la mezcla y deshidratación de ingredientes, algunos de los cuales pueden contener esporas de Bacillus cereus, como aceites fortificados con nutrientes como ácido araquidónico u otros compuestos. Si durante la fabricación o el almacenamiento se dan condiciones de humedad o temperaturas inadecuadas, las esporas pueden activarse y producir cereulida antes de que el producto llegue al consumidor.

El retiro preventivo de fórmulas infantiles ha afectado a diferentes marcas globales, incluidas varias de las más reconocidas por su presencia en mercados de Latinoamérica, Europa y Asia. Los fabricantes han tomado la decisión de retirar lotes y productos específicos como medida de precaución, incluso en ausencia de casos confirmados de enfermedad asociados directamente con la toxina. Se trata de una acción coordinada con autoridades sanitarias para garantizar la seguridad de los bebés que consumen estos productos.

La intoxicación por cereulida está asociada con la forma emética de la enfermedad por Bacillus cereus, a menudo apodada el “síndrome del arroz frito”, debido a que históricamente se relacionó con alimentos como el arroz que se deja enfriar a temperatura ambiente y luego se recalienta. Los síntomas suelen aparecer entre 30 minutos y cinco horas después del consumo e incluyen náuseas intensas, vómitos repetidos y calambres abdominales. En adultos sanos estos efectos suelen ser breves, pero en lactantes o personas con defensas debilitadas la toxina puede desencadenar complicaciones más graves, como insuficiencia hepática aguda.

Ante esta situación, las autoridades de salud pública han instado a los padres que tengan fórmulas infantiles incluidas en los lotes retirados a suspender su uso y consultar con profesionales de la salud si observan síntomas relacionados con intoxicación alimentaria. También se subraya la importancia de reforzar los sistemas de control sanitario en todas las fases de producción, desde la selección de materias primas hasta los procesos de secado y mezclado.

Este episodio plantea un llamado de atención para la industria alimentaria: incluso los productos concebidos para los consumidores más pequeños y frágiles requieren monitoreo constante y estrictos estándares de inocuidad. Controles higiénicos, evaluaciones de riesgo y análisis preventivos deben ser parte de una cultura de calidad que proteja la salud pública y reconstruya la confianza en productos esenciales como la leche infantil en polvo.

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