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Volatilidad en proteínas y hortalizas impacta industria alimentaria regional

Argentina Cárnicos

El comportamiento desigual de los precios de alimentos frescos durante febrero volvió a poner en evidencia la sensibilidad estructural de la cadena agroalimentaria en Argentina y, por extensión, en buena parte de América Latina.

Mientras el pollo entero encabezó los incrementos dentro del segmento de proteínas animales, el tomate redondo registró la caída más pronunciada entre frutas y hortalizas, configurando un escenario de fuerte volatilidad que repercute en productores, procesadores y distribuidores del sector de alimentos y bebidas.

En Argentina, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en febrero un aumento mensual del 2,9%, el mismo nivel observado en enero. Dentro del indicador, la división de alimentos y bebidas no alcohólicas creció 3,3%, uno de los rubros con mayor incidencia en el gasto de los hogares y en la estructura de costos de la industria alimentaria. En la región latinoamericana, donde el consumo de alimentos frescos tiene un peso significativo en la dieta, las fluctuaciones de estos precios suelen trasladarse rápidamente a toda la cadena productiva.

El mayor aumento del mes correspondió al pollo entero. El kilo pasó de 4.075 a 4.489 pesos, con un incremento de 10,2%. Este comportamiento refleja tendencias que también se observan en otros países de la región, donde la carne aviar se ha consolidado como una de las proteínas animales más consumidas debido a su relación costo-beneficio y a la eficiencia productiva de los sistemas avícolas modernos. Sin embargo, la actividad enfrenta presiones vinculadas al precio del maíz y la soja —principales insumos del alimento balanceado—, además de costos energéticos, sanitarios y logísticos.

Otros alimentos frescos también registraron aumentos relevantes. La naranja subió 8,7% y la papa 8,1%, reflejando el impacto de factores climáticos y de distribución en cultivos altamente dependientes de condiciones agronómicas específicas. En América Latina, los sistemas hortícolas suelen estar concentrados en determinadas zonas productivas, por lo que cambios en el clima, interrupciones logísticas o variaciones en el rendimiento pueden trasladarse rápidamente a los mercados mayoristas.

Las carnes bovinas también tuvieron una presencia destacada en las variaciones del mes. Entre los principales cortes, la paleta aumentó 8,1% y alcanzó los 15.818 pesos por kilo, mientras que la nalga y el cuadril avanzaron cerca de 8%, con valores de 20.528 y 19.793 pesos respectivamente. Para la industria de alimentos, estas variaciones influyen directamente en los costos de producción de preparados cárnicos, hamburguesas congeladas, embutidos y alimentos procesados que utilizan carne como materia prima.

Dentro del relevamiento de aproximadamente 50 productos alimentarios monitoreados, 38 registraron aumentos en febrero, dos se mantuvieron sin cambios y diez presentaron caídas. Esta dispersión refleja la diversidad de dinámicas productivas dentro del sector alimentario regional, donde conviven proteínas animales, commodities agrícolas y cultivos hortícolas con ciclos biológicos y logísticos muy distintos.

Entre las bajas más significativas se destacó el tomate redondo. El kilo descendió de 2.812 a 2.187 pesos, lo que implica una caída del 22,2%. También retrocedieron el limón, con una baja del 16,9%, y la lechuga, que disminuyó 6,3%. Estas correcciones suelen estar asociadas a la estacionalidad y a los picos de oferta que se generan cuando coinciden cosechas de distintas zonas productivas.

En América Latina, la producción hortícola intensiva depende en gran medida de calendarios agrícolas regionales, disponibilidad de agua y tecnologías de cultivo bajo invernadero. La expansión de variedades híbridas, sistemas de riego tecnificado y técnicas de poscosecha ha permitido mejorar la estabilidad de la oferta, aunque la estacionalidad continúa influyendo de manera decisiva en la formación de precios.

Para la industria alimentaria regional, este escenario implica ajustes constantes en abastecimiento y planificación productiva. Las empresas procesadoras, fabricantes de conservas, operadores gastronómicos y cadenas de distribución deben gestionar con mayor precisión la compra de materias primas, diversificar proveedores y optimizar la logística para amortiguar el impacto de las fluctuaciones en productos frescos.

El resultado es una cadena alimentaria cada vez más dependiente de estrategias de gestión flexible, donde las variaciones de precios en proteínas y hortalizas no sólo afectan al consumidor final, sino que también redefinen decisiones productivas en toda la industria de alimentos y bebidas en Argentina y América Latina.

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