Argentina alcanzó un punto de inflexión en su comercio exterior al posicionarse como el principal proveedor de aceites vegetales de la India, una de las economías emergentes más dinámicas y con mayor crecimiento demográfico del planeta.
Este avance consolida el rol del país como actor estratégico dentro de las cadenas globales de abastecimiento de alimentos y materias primas, en un contexto internacional marcado por tensiones logísticas, cambios regulatorios y una creciente demanda de seguridad alimentaria.
De acuerdo con datos del sector exportador, las ventas argentinas de aceites vegetales hacia la India se duplicaron en los últimos años, impulsadas por una mayor capacidad de procesamiento industrial y una oferta competitiva en términos de volumen, calidad y trazabilidad. El aceite de soya explica alrededor del 53% de los envíos, mientras que el de girasol representa cerca del 35%, una combinación que permitió desplazar a proveedores históricos y alcanzar una posición dominante en este mercado.
La India es actualmente uno de los mayores consumidores de aceites vegetales a nivel mundial, con un consumo anual que supera los 25 millones de toneladas. Estos productos son insumos clave tanto para el consumo doméstico como para la industria de alimentos procesados, la elaboración de margarinas, snacks y, de forma creciente, para la producción de biocombustibles. El crecimiento del ingreso per cápita y la urbanización acelerada sostienen una demanda estructural al alza, que obliga al país asiático a importar más del 60% de sus necesidades.
El fortalecimiento del vínculo comercial con Argentina responde también a la estrategia india de diversificar proveedores, reduciendo la dependencia de orígenes tradicionales. En ese proceso, aumentaron las compras desde Rusia, Brasil y Tailandia, mientras que Ucrania perdió protagonismo como abastecedor de aceite de girasol debido a menores volúmenes exportables y dificultades logísticas persistentes. En paralelo, Indonesia y Malasia, líderes históricos en aceite de palma, enfrentan restricciones derivadas del mayor consumo interno y de políticas orientadas a priorizar el uso del aceite en biocombustibles, lo que limita su capacidad exportadora.
Argentina, en cambio, cuenta con una de las industrias aceiteras más eficientes del mundo, concentrada principalmente en el complejo agroindustrial del Gran Rosario. Allí operan plantas con tecnología de última generación, altos estándares sanitarios y una integración logística que reduce costos y tiempos de entrega. A esto se suma una sólida base científica en mejoramiento genético, manejo agronómico y sustentabilidad, que permite obtener rendimientos competitivos y responder a las exigencias ambientales de los mercados internacionales.
El ascenso argentino como socio clave de la India se da además en un marco de relación bilateral en expansión, que incluye cooperación tecnológica, intercambios en energía y una coordinación más estrecha en foros multilaterales. Este entramado fortalece la previsibilidad comercial y abre oportunidades para acuerdos de largo plazo.
En contraste, el comercio de aceites con China continúa siendo más limitado y se concentra principalmente en la exportación de porotos de soya. No obstante, el creciente interés chino por la harina de soya anticipa una posible expansión de las ventas de productos con mayor valor agregado, lo que podría redefinir el perfil exportador argentino en Asia.
Por último, aunque Argentina mantiene una relación política cercana con Estados Unidos, ambos países compiten de manera directa en los mercados internacionales de aceites y derivados, especialmente en Europa y Asia. En ese escenario, la capacidad argentina de sostener calidad, escala y competitividad será clave para consolidar su liderazgo en un negocio cada vez más estratégico.













