En enero de 2026, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Argentina registró una nueva aceleración en su tendencia alcista con un aumento mensual de 2,9 %, según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Con esta cifra, la inflación acumulada en los últimos 12 meses alcanzó el 32,4 %, consolidando un ritmo de incremento que, pese a ser menor que en años recientes, sigue siendo elevado en comparación con economías desarrolladas y emerge como uno de los desafíos centrales para la política económica nacional.
El incremento registrado en enero representó el quinto mes consecutivo por encima del umbral del 2 % mensual, rompiendo con las expectativas de una estabilización más marcada tras los esfuerzos gubernamentales por contener los precios.
Alimentos: motor principal del incremento
El rubro de Alimentos y bebidas no alcohólicas lideró las variaciones con un alza de 4,7 % en enero, muy por encima del promedio general del IPC. Este comportamiento se explicó por el fuerte aumento en los precios de las verduras, tubérculos y legumbres, así como de las carnes y productos frescos, que son componentes de alto peso dentro de las canastas de consumo familiar.
En el caso del Gran Buenos Aires, la suba de alimentos fue aún más intensa, con un incremento del 5,5 %, donde las verduras treparon casi 28 %, y las carnes y sus derivados anotaron un crecimiento de 4,4 %, evidenciando la volatilidad de los precios de bienes básicos que inciden directamente en la percepción del costo de vida diario.
Analíticamente, esta dinámica se considera consistente con fenómenos estacionales —como variaciones climáticas que afectan la producción hortícola— y con procesos de ajuste de precios relativos que todavía transita la economía local. Desde un enfoque económico, los bienes alimenticios suelen tener ponderaciones altas en el IPC, lo que amplifica su impacto en la variación mensual total.
Otras categorías y comportamiento regional
Junto con alimentos, Restaurantes y hoteles mostraron una suba destacada de 4,1 %, reflejando costos crecientes en servicios ligados al consumo fuera del hogar y la incorporación de insumos cada vez más costosos para el sector gastronómico.
Por el contrario, algunas divisiones exhibieron tendencias moderadas o incluso contrarias. Por ejemplo, Prendas de vestir y calzado registró una baja de 0,5 %, marcando una de las pocas contracciones dentro del IPC, y Educación presentó una variación reducida del 0,6 %.
En cuanto al comportamiento geográfico, la inflación mensual tuvo variaciones entre regiones: el Noreste argentino presentó uno de los valores más altos, cerca del 3,8 %, mientras que otras zonas como la Pampeana y la Patagonia se mantuvieron más cercanas al promedio nacional.
Categorías del IPC: estacionales, núcleo y regulados
El desglose por categorías técnicas del IPC también mostró diferencias relevantes: los precios estacionales, que agrupan bienes cuyos valores fluctúan según la época del año —como frutas y verduras—, fueron los más dinámicos con un 5,7 % de aumento. El IPC núcleo, que excluye elementos volátiles y regulados, exhibió un incremento de 2,6 %, mientras que los precios regulados subieron 2,4 % en enero.
Estos resultados apuntan a una inflación que no es meramente anecdótica o estacional, sino que mantiene un piso elevado incluso cuando se excluyen factores transitorios, lo que complica las proyecciones de desinflación a corto plazo.
Contexto económico y expectativas
La lectura de enero se difundió en un contexto de debate sobre la metodología de cálculo del IPC, tras la renuncia de la dirección del Indec en medio de desacuerdos sobre la actualización de la canasta de bienes y servicios considerada. Este debate ha generado discusiones sobre la transparencia y confiabilidad de los datos, aunque las cifras publicadas siguen siendo el referente oficial para la toma de decisiones públicas y privadas.
A pesar de la presión sobre los precios de alimentos y servicios, diversas proyecciones de mercado estiman que la inflación mensual podría volver a moderarse en los próximos meses si se consolidan las expectativas de estabilidad cambiaria y se fortalecen las políticas de anclaje monetario.
En suma, enero de 2026 marcó el inicio del año con un escenario inflacionario desafiante para Argentina, donde los alimentos continuaron siendo el principal motor de la suba de precios, reflejando tanto tendencias estructurales como coyunturales que condicionan la dinámica de la economía cotidiana.













