La Administración Regional de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia (Acodeco) en la provincia de Colón registró 2,147 anomalías comerciales durante sus operativos de verificación ejecutados entre enero y mayo de 2026.
El dato no es un accidente estadístico: es la expresión concreta de un problema estructural que la industria de alimentos y bebidas no puede seguir tratando como un incidente aislado de punto de venta.
La principal irregularidad fue el hallazgo de 1,913 productos vencidos disponibles para la venta, seguidos de 164 alimentos deteriorados, 55 casos de mercancía sin precio visible al público y 14 productos sin fecha de vencimiento en sus empaques. Esas cifras, desagregadas, revelan que casi el 90% de las faltas detectadas se concentran en el manejo del ciclo de vida del producto, lo que apunta directamente a deficiencias en la gestión de inventarios y en los protocolos de rotación de anaquel, responsabilidad compartida entre distribuidores y operadores de punto de venta.
El problema tampoco es exclusivo de Colón. A nivel nacional, la Acodeco contabilizó 39,304 irregularidades comerciales entre enero y mayo de 2026, de las cuales 33,379 correspondieron a productos vencidos, equivalentes a aproximadamente el 85% del total de faltas documentadas en los operativos del periodo. La proporción es consistente y revela un patrón sistémico, no excepcional.
Para los actores de la cadena de valor, la lectura debe ir más allá de las multas. Las sanciones por comercializar productos vencidos o incumplir requisitos legales pueden alcanzar hasta los 25,000 dólares por establecimiento, pero el daño reputacional que una fiscalización mediática genera sobre una marca distribuidora o fabricante supera con creces cualquier cifra de expediente administrativo. Un solo resultado fuera de norma puede cerrar mercados de exportación y generar pérdidas millonarias, advierten especialistas en inocuidad alimentaria para Centroamérica y América del Sur.
El trasfondo operativo de estas fallas tiene nombre técnico: error en la predicción de demanda y débil control de rotación FIFO en el canal minorista. En un sector regido por fechas de vencimiento, un pronóstico incorrecto se traduce directamente en merma o en ventas perdidas. La merma visible —el producto retirado por un inspector— es solo la punta del iceberg; detrás hay costos de logística inversa, destrucción de inventario y deterioro de la relación comercial con el retailer.
Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 600 millones de personas enferman cada año por consumir alimentos contaminados, lo que equivale a casi 1 de cada 10 personas en el mundo, y cerca de 420,000 muertes anuales están asociadas a enfermedades transmitidas por alimentos. En ese contexto, la tolerancia regulatoria a la comercialización de productos vencidos tiene un piso sanitario que los mercados de la región ya no están dispuestos a ceder.
La solución existe y está siendo adoptada en otros segmentos del sector. Aproximadamente el 61% de los fabricantes a nivel global utilizan sistemas de pronóstico basados en inteligencia artificial para reducir el desperdicio de alimentos y mejorar la precisión de la cadena de suministro, y la adopción de logística de cadena de frío ha alcanzado el 58%, mejorando la eficiencia de conservación en un 34%. Panamá, y Colón en particular, acusan el rezago en la implementación de estas herramientas en el tramo final de distribución.
La Acodeco recomienda extremar precauciones con ofertas promocionales como los "2×1", que en algunos casos pueden utilizarse para liquidar mercancía próxima a vencer, una alerta que los equipos de trade marketing y gestión de categorías deberían incorporar como señal de alerta temprana en sus auditorías de canal.
Lo que los números de Colón ponen sobre la mesa no es solo un problema de cumplimiento normativo. Es la evidencia de que, en un mercado de alimentos y bebidas valorado globalmente en 7.3 billones de dólares en 2026 y proyectado a alcanzar los 12.2 billones en 2035, las empresas que no integren controles rigurosos de trazabilidad y gestión de vencimientos en su cadena de distribución perderán no solo clientes, sino también su licencia social para operar.













