En la cadena del babasú amazónico, lo que durante generaciones fue basura ahora es materia prima de alto valor nutricional. Bioinfood, startup brasileña de biotecnología industrial con sede en Campinas, São Paulo, fundada en 2018 por tres ingenieros de alimentos de la UNICAMP, presentó en abril de 2026 en el New Meat Brazil —el principal evento de proteínas alternativas del país— un desarrollo que cuadruplica el contenido proteico de la harina del mesocarpio del coco babasú: de un 1.5% a aproximadamente un 7%.
El resultado es un ingrediente con textura fibrosa, sabor equilibrado y potencial directo de uso en hamburguesas y otros productos plant-based, desarrollado en alianza con el Instituto de Tecnología Alimentaria de Brasil.
El proceso combina selección de cepas de levadura, hidrólisis enzimática y fermentación en biorreactores automatizados. Las levaduras convierten los azúcares de la harina de mesocarpio en biomasa proteica sin necesidad de nuevos cultivos ni deforestación, un diferencial crítico en un mercado donde la trazabilidad de origen y el impacto ambiental pesan cada vez más en las decisiones de compra de los grandes operadores de la industria alimentaria. La tecnología ya fue validada a escala de laboratorio y Bioinfood busca activamente alianzas comerciales para escalar el proyecto piloto.
El proyecto recibió financiamiento de 2.7 millones de reales del Fondo JBS para la Amazonía a través del Programa Biomas InovAmazônia de GFI Brasil, el mayor proyecto apoyado por ese fondo en el eje de I+D desde su creación en 2020. Ese respaldo no es solo financiero: es una señal de que la bioeconomía amazónica está generando activos industriales concretos, no solo narrativas de conservación.
El impacto social del proyecto está directamente ligado a la cadena extractiva del babasú. Aproximadamente 62,000 personas, principalmente mujeres, dependen de esta actividad en los estados de Maranhão, Piauí, Pará y Tocantins. La superficie disponible tiene un potencial técnico de 1.5 millones de toneladas anuales, pero la producción actual apenas supera el 4% de ese total. El producto principal de la cadena —el aceite extraído de la almendra— genera valor, pero la harina del mesocarpio no tenía destino industrial hasta ahora. Transformar ese residuo en ingrediente proteico no solo agrega valor a la cadena: puede aumentar los ingresos de las comunidades extractivas sin alterar el modelo de manejo tradicional del recurso.
El mercado al que apunta Bioinfood tiene dimensiones concretas y crecientes. Se proyecta que el segmento global de proteínas alternativas alcance los 88,800 millones de dólares para 2034, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 14.3%. En Brasil, el sector generó 1,130 millones de reales en 2024, un aumento del 14% respecto al año anterior. Europa y Estados Unidos son los mercados de exportación con mayor potencial para ingredientes de origen amazónico con certificación sostenible.
La plataforma tecnológica de Bioinfood no se limita al babasú. El mismo método de fermentación puede aplicarse a salvado de trigo, maíz y arroz, y a cáscaras de semillas nativas como la nuez de Brasil, la macaúba y el cupuaçu, lo que convierte a la empresa en un jugador estratégico dentro de la economía circular de la agroindustria brasileña. En 2025, la startup ganó el Fi Innovation Awards y el Startup Innovation Challenge de FiSA, y fue elegida entre las 100 startups más prometedoras de Brasil. Con 20 proyectos activos en 8 países —incluyendo Estados Unidos, Francia y Emiratos Árabes— la escala internacional ya no es una aspiración: es parte del modelo de negocio.













