El mercado global de almidones modificados fue valorado en 14,200 millones de dólares en 2024 y se proyecta que supere los 21,000 millones para 2032, impulsado por la demanda creciente de ingredientes funcionales con perfil limpio, sin gluten y de origen vegetal.
En ese escenario, América Latina tiene una ventaja que aún no ha capitalizado completamente: una biodiversidad excepcional de plantas tropicales con propiedades tecnológicas de alto valor industrial. La Compañía de Investigación Agropecuaria de Minas Gerais (Epamig) acaba de dar un paso concreto para cerrar esa brecha con una investigación pionera sobre el almidón de arrurruz —Maranta arundinacea— una planta nativa de América del Sur y el Caribe con potencial real para transformar la formulación de productos sin gluten, horneados funcionales y empaques biodegradables.
El proyecto "Desarrollo de resinas comestibles a partir de biopolímeros y pigmentos naturales de plantas alimenticias no convencionales", financiado por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de Minas Gerais, evaluó tres protocolos de modificación del almidón de arrurruz con baja toxicidad: ozonización con aire atmosférico, recocido bajo humedad controlada y despolimerización ácida. El trabajo, presentado en el 4° Congreso Brasileño de Tecnología de Cereales y Panadería y galardonado con mención honorífica, establece los parámetros técnicos necesarios para que la industria alimentaria pueda incorporar este almidón de forma confiable y a escala.
El perfil tecnológico del almidón de arrurruz justifica el interés industrial. Está compuesto por aproximadamente 85% de almidón —con una relación de 80% amilopectina y 20% amilosa— y 15% de fibra, lo que le otorga propiedades espesantes y gelificantes superiores al almidón de maíz en aplicaciones de baja temperatura. Es naturalmente libre de gluten, incoloro e insípido, características que lo hacen especialmente valioso para la formulación de productos donde el perfil sensorial es crítico. El mercado global de alimentos sin gluten supera los 8,000 millones de dólares y mantiene una tasa de crecimiento anual del 9%, impulsado tanto por el diagnóstico creciente de enfermedad celíaca como por la adopción de dietas libres de gluten como elección nutricional entre consumidores sin patología específica.
Más allá del sector sin gluten, las aplicaciones identificadas por el equipo de Epamig abarcan galletas, pasteles, panes y productos horneados; espesante en salsas, caldos y sopas; estabilizador en rellenos; ingrediente en fórmulas de alimentación infantil; y materia prima para películas biodegradables y recubrimientos comestibles. Esta última aplicación conecta directamente con la presión global hacia empaques sostenibles: la Unión Europea exige empaques 100% reciclables para 2030, y los biopolímeros de origen vegetal como el almidón de arrurruz son candidatos técnicamente viables para sustituir plásticos convencionales en recubrimientos de alimentos frescos.
La arrurruz tiene además ventajas agronómicas concretas para la región. Se adapta a diferentes condiciones de cultivo, tiene buena productividad en climas tropicales y su cosecha se extiende de octubre a mayo, un calendario que complementa otras cadenas productivas sin competir por los mismos recursos. Para las comunidades rurales que cultivan plantas no convencionales, la apertura de un canal industrial para el almidón de arrurruz puede representar un ingreso adicional significativo dentro de un modelo de bioeconomía local.
El siguiente paso de la investigación es escalar los protocolos desde el laboratorio hacia condiciones industriales comparables, un proceso que requerirá alianzas con empresas procesadoras interesadas en diversificar su cartera de almidones funcionales con materias primas de origen latinoamericano y perfil de etiqueta limpia.













