Hace catorce años, Mazzei inició operaciones con una meta clara: fabricar galletitas en Paraguay con estándares comparables a los grandes jugadores internacionales, en un mercado históricamente abastecido por importaciones regionales.
Lo que comenzó como un emprendimiento familiar se transformó en una plataforma industrial diversificada, con nuevas categorías, ampliación de capacidad instalada y una cultura organizacional orientada a la innovación continua.
El punto de partida fue una fábrica de galletitas concebida para sustituir importaciones y fortalecer la manufactura nacional. En su etapa inicial, la compañía operaba con una sola línea de producción y recursos limitados. Sin experiencia previa en el sector alimentario, la familia fundadora apostó por un modelo de gestión donde los hijos asumieron responsabilidades operativas desde el inicio. La curva de aprendizaje fue intensa: errores en formulación, ajustes de tiempos de horneado, calibración de hornos y estandarización de procesos marcaron los primeros años. Cada desvío permitió optimizar controles y robustecer protocolos.
La estrategia de calidad se apoyó en la selección rigurosa de materias primas, la implementación de buenas prácticas de manufactura y la inversión progresiva en tecnología de envasado. En la industria de galletitas, variables como actividad de agua, textura, estabilidad oxidativa de grasas y vida útil son determinantes para competir. Mazzei incorporó controles fisicoquímicos y microbiológicos para garantizar consistencia en lotes y cumplir exigencias sanitarias crecientes en el mercado paraguayo.
El crecimiento no se limitó a volumen. La compañía amplió su portafolio y diversificó riesgos. Tras consolidar la primera línea, adquirió una segunda línea de galletitas, incrementando la capacidad productiva y reduciendo cuellos de botella. Posteriormente extendió la longitud de las líneas existentes, incorporó nuevas envasadoras de mayor velocidad y automatización, y sumó una planta de alfajores y otra de snacks. Cada expansión implicó no solo inversión en activos, sino también capacitación técnica y fortalecimiento del equipo humano.
Nicolás Riquelme, director de Innovación, sostiene que cada inversión elevó el “techo” de posibilidades de la empresa. La ampliación de infraestructura permitió ingresar a nuevas categorías y responder a una demanda interna en crecimiento, en un contexto donde el consumo de productos de panificación industrial mantiene dinamismo en América Latina. La tendencia regional muestra una preferencia creciente por productos con mejor perfil nutricional, reformulaciones con reducción de grasas trans y mejoras en etiquetado, desafíos que la empresa debió incorporar en su agenda.
El sector alimentario paraguayo enfrenta además estándares regulatorios cada vez más estrictos en materia de inocuidad y trazabilidad. La profesionalización de procesos, el control de proveedores y la estandarización de recetas se volvieron claves para sostener la reputación de marca. Mazzei reforzó su enfoque en eficiencia productiva, optimización de costos y mejora continua, pilares esenciales para competir frente a importaciones que aún tienen peso en ciertas categorías.
Catorce años después, la compañía exhibe una estructura industrial más compleja y un equipo ampliado de colaboradores. La evolución desde una pequeña línea inicial hacia un complejo con múltiples unidades productivas refleja una estrategia basada en reinversión constante y visión de largo plazo.
El recorrido de Mazzei ilustra cómo un proyecto familiar puede escalar en una industria altamente competitiva cuando combina disciplina operativa, inversión tecnológica y compromiso con la producción local. En un escenario donde la industrialización sigue siendo un desafío para Paraguay, la experiencia de la empresa confirma que la manufactura nacional puede ganar terreno con estándares, innovación y propósito claro.













